| S C A L A |
Llamados a dar la vida por la abundante redención
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Oficina de Información Redentorista |
Reportaje especial |
Boletín de la Congregación del Santísimo Redentor
1 de agosto de 2005
Inauguración de la Provincia de San Clemente
Matran, Suiza
Homilía del Reverendísimo Padre Joseph W. Tobin, C.SS.R., Superior General
Me siento muy feliz de haber sido invitado a presidir esta Eucaristía que da comienzo a la inauguración de la más reciente Unidad de la Congregación, la Provincia Sancti Clementis. Confío en que los momentos siguientes no sean demasiado penosos para ustedes, especialmente mis cohermanos de habla francesa. El acento y la pobre gramática del orador evidencian que es extranjero, pero quizás esta misma circunstancia les hará tener presente el interés y la solidaridad de toda la Congregación en este histórico momento. Durante los siete primeros meses de este año he visitado a los Redentoristas de diecisiete países diferentes y puedo testificar que la gestación de la Provincia de S. Clemente ha suscitado un gran interés por saber acerca de la misma al tiempo que se me han hecho no pocas preguntas sobre los cohermanos: ¿Qué les ha llevado a los cohermanos flamencos, holandeses, alemanes del norte y suizos a dar este paso? ¿Se ha tratado este nuevo proyecto de una decisión propia o bien de una imposición del Gobierno General? ¿Supondrá la nueva Provincia solamente una ficción jurídica o, más bien, significará este paso una nueva energía para la Congregación en Europa Norte?
Por importantes que sean dichas preguntas, al comienzo de esta nueva Provincia evitemos el peligro de ponernos en camino sintiéndonos preocupados por nuestras respuestas y por nuestras decisiones. El punto de partida, hoy, es el amor abundante de Dios que nos ama apasionadamente tanto a nosotros como a nuestro mundo. De nuestra parte, llegará después, revestida de pasión hacia él y de pasión hacia la humanidad, nuestra respuesta a quien nos ha amado primero (1 Jn 3, 10). No deberíamos tampoco permitir que nuestros pensamientos estuvieran dominados por una preocupación desmesurada por el futuro de esta nueva Provincia; el porvenir es incierto y solo llegaríamos a barruntar la forma en que podrían ir las cosas. Les invito, en cambio, a reflexionar sobre el modo en que la Palabra de Dios convoca a los miembros de la Provincia de San Clemente a ser continuadores de la misericordia que Dios ha mostrado al mundo en Jesucristo.
La historia de la salvación es la historia de un Dios manifestando su compasión por el ser humano. Dios es aquel que tiene presente la aflicción de su pueblo y decide rescatarlo (Ex. 3, 7- 8). Incluso el pecado de sus hijos e hijas se convierte en un ¡Oh feliz culpa! que mereció tener a un tal salvador, más allá de lo que uno hubiera podido imaginar. Y es que Dios ha amado tanto al mundo que le dio a su único Hijo… para que el mundo se salve por él (Jn 3, 16 -17).
Jesús, que nació en el campo, a las afueras de Belén, y que morirá fuera de los muros de Jerusalén, asumió los riesgos de plantar su tienda donde nadie lo hubiera imaginado: entre los desposeídos y marginados, exactamente donde parece que ya no existe esperanza alguna. Lo encontraremos siempre entre quienes el mundo ha arrojado lejos de sí.
Encontramos a Jesús buscando un "lugar", según la lectura de Marcos que acabamos de escuchar. Jesús lleva intencionadamente a sus discípulos, que han trabajado duramente, a un "lugar apartado" a fin de que descansen algo. Lo apartado del lugar, sin embargo, no desalienta a las multitudes que van tras él. Podemos suponer que todas esas gentes viven ya al margen de su sociedad y de su religión. Muchos de ellos eran galileos, una especie de gente heterogénea que era del desagrado de los judíos más respetables. El grupo, ciertamente, estaba formado por cobradores de impuestos, por prostitutas y por otros repudiados por la sociedad. La gente era pobre y no llevaba comida consigo (cf. Mc 6, 36).
Una consecuencia de la marginación de la gente que lo rodea es que mueve a compasión el corazón de Jesús: aquella gente parece estar tan indefensa y perdida como ovejas que no tienen pastor. La imagen es la de un pueblo ansioso, asustado y cansado porque no sabe adonde ir ni a quién seguir. Esta gente carece también de ambas cosas: de objetivos y de guía que la ayude a orientar sus vidas. La compasión de Jesús no se queda en mera teoría, sino que lo impulsa a la acción: "Empezó a enseñarles muchas cosas".
Por supuesto, este pasaje de Marcos encuentra un potente eco en los acontecimientos que confluyeron en la fundación de la Congregación Redentorista. Alfonso de Liguori y algunos amigos suyos se alejaron del ajetreo pastoral de Nápoles para lograr algo de descanso en un "lugar apartado" a lo largo de la costa de Amalfi. Allí, en las alturas de Scala, nuestro fundador conoció a pastores y cabreros que conmovieron su corazón. Este encuentro llevó a Alfonso a dar la espalda a la ciudad y a dedicarse a los pobres del campo a fin de predicarles lo único que Dios pide: piedad y compasión (cf. Miq 6,8).
En San Alfonso, el hombre compasivo que se acerca a los abandonados, vemos reflejados los valores, las convicciones, y las preferencias del propio Jesús: lo que él considera importante y lo que considera que no lo es. Igual que el Samaritano, a quien Jesús propone como ejemplo de compasión, San Alfonso encontrará la vida eterna en quienes están abandonados de la vida.
La historia de nuestra Congregación no comienza desde arriba, no procede de elevadas discusiones que tienen lugar en torno a principios y reglas, sino desde abajo, de las desoladas riberas de la Iglesia y de la sociedad donde la gente está cansada, confusa y olvidada. Gerardo Majella, Clemente Hofbauer, Juan Neumann y miles de nuestros cohermanos se retiraron a "lugares apartados" y sintieron compasión por la gente que allí encontraron. La visión del Redentoristas es la que el propio Jesús propone: que la persona que necesite nuestra ayuda ocupe el centro, no nosotros.
Nuestras Constituciones usan muchas palabras para referirse a la gente que nos reclama: son aquellos a quienes la Iglesia ha fallado, los que nunca oyeron el mensaje de la Iglesia o no lo reciben como "Buena nueva" … aquellos a quienes perjudica la división de la Iglesia (Const. 3), los pobres, los de condición más humilde y los oprimidos (Const. 4). Y debido a que nuestra regla de vida tiene también en cuenta la atención pastoral diaria a los católicos, para mí está claro que la prioridad de la Congregación debe centrarse en el servicio compasivo a los marginados de la Iglesia y de la sociedad.
Así, en tanto existen muchas razones que han impulsado a la fundación de una nueva Provincia redentorista en Europa Norte, el objetivo más importante para la Provincia de S. Clemente debe ser la revelación de la compasión de Dios hacia la gente, especialmente hacia aquellos que viven al margen de la Iglesia y de la sociedad. No podremos realizar dicho objetivo si nosotros mismos nos permitimos instalarnos en entornos y estructuras en las que nuestro trabajo perdería su distintivo misionero (cf. Const. 15); es decir, si nos alejamos de aquellas situaciones de necesidad pastoral urgente debido a que estamos demasiado preocupados por nosotros mismos, por nuestra avanzada edad, por el escaso número de miembros o por una exagerada necesidad de comodidad.
La Provincia de S. Clemente no realizará la misión de nuestra Congregación si se aleja de la gente necesitada. La situación de la Iglesia en Europa Norte invita a los Redentoristas a aprender a escuchar mejor y a hacerse expertos en plantearse interrogantes, en conversar, y en compartir la pobreza que nos coloca a todos nosotros en un mismo barco con los demás. En espíritu de fraterna solidaridad debemos tratar de comprender los angustiosos interrogantes que preocupan a los hombres y procurar discernir cómo Dios se revela en ellos de forma real y nos da a conocer sus designios (Const. 19).
Nunca debemos permitir que los temas administrativos ocupen nuestra más alta prioridad. En los últimos años, algunas nuevas estructuras asumidas por la Congregación han resultado decepcionantes debido a que los Redentoristas han sido demasiado cautelosos, calculadores y se han centrado demasiado en sí mismos. Una actitud así no tiene en cuenta la insistente lógica de Jesús: "No medir, no calcular, dar según el amor. Los demás serán los que te devuelvan tu identidad, precisamente cuando pensabas que estabas para morir". La lógica de Jesús nos invita a dar nuestra vida por su abundante redención.
Mis hermanos, la vida que han abrazo no es ni un código de ética ni una historia de fundación, sino más bien una pasión, una aventura, un riesgo; se trata de un viaje que realizar con los ojos y los oídos bien abiertos y de par en par. Una peregrinación en la que la única brújula que les servirá de guía hacia su destino es la piedad y la compasión. Soy consciente de la fragilidad de nuestra Congregación o de la Iglesia en el territorio de esta nueva Provincia. Pero seríamos desleales a nuestra vocación si al comienzo de la Provincia de S. Clemente no garantizáramos que esta nueva estructura que nace nos lleva a los "lugares apartados" donde incluso hoy Dios desea revelar su compasión a la gente. Y si al ir a ese lugar descubrimos que la compasión nos invita a dar al pobre lo que tenemos, podemos esperar que Jesús multiplique nuestros pocos panes y peces y alimente a toda una multitud.
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